El 2026 se proyecta como un año decisivo para la gestión del talento. Las organizaciones enfrentan un entorno marcado por la aceleración tecnológica, mayores exigencias regulatorias y una presión creciente por integrar criterios de sostenibilidad en su operación. En este contexto, la capacitación deja de ser un beneficio complementario y se convierte en una herramienta estratégica para sostener la competitividad y el crecimiento.
Una de las transformaciones más relevantes es la incorporación de inteligencia artificial agéntica y procesos de automatización en la gestión diaria. Según el Ministerio de Economía (2025), el 44% de las empresas ya utiliza IA en procesos operativos y de atención. Esto redefine la manera en que las personas trabajan, exigiendo nuevas competencias digitales, capacidad de análisis, adaptación al cambio y colaboración con sistemas automatizados. La formación continua permite reducir brechas y asegurar una adopción tecnológica efectiva.
Al mismo tiempo, el cumplimiento normativo se posiciona como un eje prioritario para las áreas de Recursos Humanos. La implementación de la Ley de 40 horas y la Ley Karin ha incrementado la necesidad de formación especializada. De acuerdo con la Dirección del Trabajo (2025), 8 de cada 10 empresas requiere capacitación normativa para cumplir adecuadamente con las nuevas exigencias legales. Más allá de evitar sanciones, el fortalecimiento en esta materia contribuye a construir ambientes laborales seguros y alineados con estándares actuales.
La sostenibilidad también redefine las competencias necesarias en distintos sectores productivos. El llamado talento verde comienza a consolidarse como una ventaja competitiva. SENCE (2025) informa que más de 120 mil cupos han sido priorizados en formación vinculada a empleos verdes, lo que evidencia una transición hacia perfiles capaces de integrar eficiencia energética, gestión ambiental y prácticas responsables en los procesos organizacionales.
La evidencia confirma el impacto de una estrategia formativa bien diseñada. Datos de SENCE y el Ministerio del Trabajo (2025) indican que las empresas que se capacitan de manera planificada logran un 27% de aumento en productividad, un 32% de reducción en riesgos legales y un 25% de mayor adopción de tecnologías digitales. Estos resultados demuestran que invertir en capacitación no solo fortalece competencias individuales, sino que mejora el desempeño global de la organización.
Frente a este escenario, diseñar planes formativos alineados con tecnología, normativa y sostenibilidad se vuelve una decisión estratégica para las organizaciones que buscan mantenerse competitivas y preparadas para los desafíos del próximo año.




